sábado, 6 de febrero de 2010

Bilbao, leéme

No quiero ponerme pesimista y decir que estoy orgullosa de soñar sueños contigo, porque los sueños, a diferencia de la creencia popular, no se sueñan. Los sueños se viven.
Si no, no son sueños, son fantasías. Y las fantasías que no son serias nunca me han interesado.
Pero ¿qué se puede esperar de una diosa loca como tú y de una hedonista desquiciada como yo? Pues poca cosa. Alguna lágrima llorada como Warhol manda, algún delirio roto
y algunos versos esparcidos por aquí y por allá. Compartes mi gusto por volar alto y a ras de suelo. Tú, café con anís, yo lo prefiero sin azúcar y a medianoche un buen rioja para ahogar las esperanzas y las desesperanzas. Donde estemos tú y yo siempre estará diluido en el ambiente el espíritu de Brenda Lee o de nuestra Nachita, aún no muerta, por suerte. Así nos la pasamos, bailando entre bacanales surrealistas y pseudorealidades absurdas, con la gracia de los que respiran belleza. No necesitamos mucho para subsistir, sólo un poco de poesía de esa que está viva, de esa que pica en la zona del hígado, de esa que resquebraja la garganta y calienta el corazón. De esa que produce orgasmos sólo comparables a las barbaridades de algunos caballeros. Poesía de esa que atemporaliza hasta los calendarios. Y mucho mucho teatro. Y cine, y tangos, y Bilbao, y Vivaldi, y La Agrado. Y tantos otros! Siempre hemos sido vagabundas
orgullosas de su condición, y en el fondo nos odiamos un poco. Que no me olvide del mar. El mar que siempre ha estado ahí, en los momentos en los que nuestra alma tenía frío, en esos momentos en los que nuestro desequilibrio perfectamente armonioso se desestabilizaba, en esos momentos en los que dudábamos de nuestra propia existencia. Ahí ha estado el mar, enviándonos mensajes a través de botellas de plástico reciclable. Alguna vez he rozado lo que es mejor no nombrar y tú me has salvado dándome más de una bofetada. Me dejaste la cara roja pero el espíritu templado. Y cuando tú has tropezado con alguna desilusión yo he intentado soplarte los moratones. Y para acabar, Estro Histriónico.

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